LA REENCARNACIÓN EN LA BIBLIA
Bajo circunstancias que hasta el día de hoy
permanecen ocultas, el emperador bizantino Justiniano en el año 553 (durante el
segundo Concilio de Constantinopla) proscribió las enseñanzas acerca de la
reencarnación de las escrituras Cristianas. Sin embargo, permanecen ciertas
alusiones a la reencarnación en la Biblia. Y aunque son pocas, son de mucho
peso.
En el siglo noveno antes
de Cristo, se supone fue cuando vivió el profeta Hebreo Elías. Cuatro siglos
después, Malaquías escribió la siguiente profecía en las últimas líneas
del Antiguo Testamento: "He aquí, yo os enviaré el profeta Elías antes
de la venida del grandioso y terrible día del Señor". Malaquías
4: 5.
El primer libro del Nuevo
Testamento, Mateo hace mención a esta profecía tres veces y los Evangelios
restantes hacen referencia a ella siete veces. En los versos siguientes se usa
la forma griega para el nombre del profeta. Debe observarse en las anotaciones de
los discípulos de Jesús, que había mucha especulación y una aceptación
generalizada entre los Judíos respecto al regreso de Elías, sino también al de
otros antiguos profetas Hebreos.
Habiendo llegado Jesús a las costas de la región de Casárea de Filipo, preguntó a
sus discípulos diciendo: "¿Quién dicen los hombres que soy yo? Y ellos
contestaron: unos dicen que eres Juan el Bautista, otros, Elías, y otros, Jeremías
o alguno de los otros profetas."
Mateo 16: 13-14
"Cuándo descendían del
monte, Jesús les ordenó diciendo: No digáis a nadie la visión hasta que el
Hijo del Hombre resucite entre los muertos. Entonces sus discípulos le
preguntaron diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que
Elías venga primero? Y Jesús les respondió: Ciertamente Elías vendrá
primero y restaurará todas las cosas. Más os digo que Elías ya vino y no le
conocieron sino que hicieron con Él todo cuánto quisieron, así mismo, el Hijo
del Hombre padecerá en manos de ellos. Entonces los discípulos comprendieron
que les había hablado de Juan el Bautista (quién ya había sido decapitado por
Herodes). Mateo
17: 9, 10, 11, 12, 13
"Jesús comenzó a hablar
de Juan a las multitudes.... porque este es de quien está escrito: He aquí, yo
envío mi mensajero delante de tu faz. El cual preparará tu camino delante de
ti. Y si quieres recibirlo, este es Elías, aquel que había de venir. El que
tiene oídos para oír que oiga." Mateo 11:7,10,14,15
Otra referencia puede ser
encontrada en Lucas
9: 7,8,9 :"Herodes
el tetrarca oyó de todo cuanto decía Jesús y estaba perplejo, porque decían
algunos que: Juan ha resucitado de entre los muertos, y otros que Elías ha
aparecido y otros que alguno de los profetas ha resucitado. Y dijo Herodes: A
Juan yo le hice decapitar, ¿quién pues, es éste de quien oigo tales
cosas?".
El mismo incidente se relata en
Marcos 6: 14, 15, 16.
Uno de los padres iniciales de
la Iglesia, Tertuliano, nos muestra que algunas personas ortodoxas tomaban en
consideración todos estos versos del Nuevo Testamento (Tertuliano era también
un defensor declarado de la reencarnación). Brevemente el razonamiento de
Tertuliano es que en primer lugar, Elías nunca murió. Dios lo trasladó
directamente al cielo. Por lo tanto su descenso subsiguiente no fue un
renacimiento, sino meramente que volvía de visita.
Se ha descrito que las bases para este razonamiento de Tertuliano se
encuentran en la afirmación de II
Reyes 2: 11. "He
aquí que apareció un carruaje de fuego y caballos de fuego... y Elías subió
al cielo en un torbellino." Y no fue visto más. Sin embargo, si el
razonamiento de este padre de la Iglesia ha de ser sustentado en forma lógica,
el regreso de Elías a la tierra como el de Juan el Bautista debió haber sido
de la misma forma milagrosa en que partió: Él debió de precipitarse a la
tierra como un hombre maduro. Sin embargo las escrituras indican que Juan nació
en forma ordinaria. Por lo tanto los teólogos Cristianos serios han concluido
que la teoría de Tertuliano no es sostenible.
El filósofo
estadounidense del siglo diecinueve, Francis Bowen, quién estudió en Harvard,
luego de citar un número de los pasajes ya mencionados, afirma en su artículo
"Chistian Metempsychosis": "El
que los comentaristas no hayan estado dispuestos a recibir afirmaciones tan
directas y frecuentemente repetidas como éstas en su significado obvio y
literal y más bien las hayan intentado explicar en un sentido innatural y metafórico,
es un hecho que solamente puede probar la existencia de un prejuicio invencible
en contra de la doctrina de la trasmigración de las almas."
Un último punto. El
renacimiento de salvadores y profetas está suficientemente claro en la enseñanza
cristiana, ¿pero qué hay acerca de los hombres ordinarios? ¿Regresan ellos?.
El que los discípulos de Jesús consideraban seriamente esta posibilidad es
evidente, partiendo de la pregunta concerniente al hombre que había nacido
ciego. Preguntaron: ¿Por qué ha nacido ciego este hombre? ¿Quién pecó, el o
sus padres?. No puede evadirse la conclusión de que los discípulos deben haber
tenido en mente la reencarnación, ya que en forma obvia, si el hombre había
nacido ciego, su pecado no había podido ser cometido en esta vida. Jesús tenía
una buena oportunidad de aplastar la idea de la reencarnación de una vez por
todas, pero no lo hizo. Meramente respondía que el hombre estaba afligido
debido a que había sido destinado
a que su vista fuera devuelta por medio de Cristo de manera que "las obras
de Dios se manifiesten en él".
Se hace claro partiendo
de los comentarios de San Pablo acerca de Jacob y Esaú, que puede ser legítimo
buscar en una vida previa la fuente de la maldad o la bondad del individuo. Dice
San Pablo que el Señor amó a uno y odió al otro antes que hubieran nacido.
Romanos 9: 10,13 Malaquías 1:2, 3. ¿Cómo puede un ser inexistente
ser odiado o amado?
Otra ilustración es
aquella en la que Cristo advierte que aquellos que utilizan la espada, morirán
por la espada (Mateo
26:52). Esto podría ser una verdad universal
-tal como todas las afirmaciones del salvador deben serlo- si existe más de una
vida en la cual experimentar esta reacción, ya que muchos soldados combatientes
profesionales mueren silenciosamente en sus propias camas. Esta visión es
completamente compatible con la Tercera Ley del Movimiento de Newton -para cada
reacción hay una reacción igual y opuesta- y con la ley del Karma promulgada en
las literaturas Védicas.
Una referencia similar se
encuentra en Marcos
10: 28-31 donde se enumeran recompensas que difícilmente
pueden cumplirse en una vida. Pedro dijo a Jesús: "He aquí, nosotros lo
hemos dejado todo y te hemos seguido".
Jesús respondió y dijo: "De cierto os digo que no hay ninguno que
haya dejado casa o hermano y hermanas, o padre, o madre, o esposa, o hijos, o
tierras por mi causa, que no reciba cien veces más en este tiempo; (en esta
era) casas, y hermanos y hermanas y madres y niños y tierras, son
persecuciones, y en el mundo por venir, la vida eterna. Pero muchos primero serán
últimos y los últimos serán los primeros." Ciertamente las recompensas
enumeradas no podrían cumplirse en forma posible en una sola encarnación.
San Juan afirma en el
Apocalipsis 3:12: "Al que venciere, yo lo haré columna en el
templo de Dios y nunca más saldrá de allí." Parece que él ya hubiese
salido antes como encarnación, de otra forma las palabras "nunca más"
estarían fuera de contexto o carecerían de sentido. Puede haber sido la vieja
idea del exilio del alma y la necesidad de que ésta se purificase en un largo
viaje antes de que pudiese ser admitida como "un pilar en el templo de mi
Dios." En
Lucas 20:35-36 una idea
similar se presenta nuevamente. Jesús dice: "Más los que fueron tenidos
por dignos de alcanzar aquel tiempo... no se casan... ni pueden morir ya más."
Puede concluirse de estos dos últimos versos que el objetivo a lograrse es de una naturaleza tan trascendental, que una corta vida sería insuficiente para alcanzarlo. Por lo tanto en el ensayo "Christhian Metempsychosis" del profesor Bowen, anteriormente citado, se pregunta si en adición al obvio significado espiritual, exista un significado literal en las palabras solemnes del Salvador: "a menos que un hombre nazca nuevamente, podrá ver el reino de Dios."
Afirma Bowen: "Una
eternidad ya sea de recompensa o castigo parecería haber sido merecida
inadecuadamente por un breve período de prueba sobre la tierra."